
Fernando Alonso tiene 45 años y sigue en la parrilla. Tu IA necesita a alguien como él. Usar la inteligencia artificial lo hace cualquiera. Gobernarla es otra historia.
Hace unos días me topé la noticia que hablaba del caso de Deloitte Australia. Un informe de 237 páginas para el Gobierno australiano, 440.000 dólares australianos de contrato y una cita atribuida a una sentencia federal que nunca existió. Había además referencias a estudios que nadie ha publicado. La versión corregida incluía una nota indicando que se había usado Azure OpenAI, y la consultora acabó devolviendo parte del dinero.
Confieso que el error en sí no me sorprendió. Me quedé dándole vueltas a otra cosa: quién debía haberlo visto antes de que lo viera un investigador de la Universidad de Sídney.
Esa misma semana vi en el telediario que Fernando Alonso renueva con Aston Martin. Tendrá 46 años en 2027 y será su temporada número 24 en la Fórmula 1. Suma 443 Grandes Premios, 32 victorias y dos títulos mundiales, con seis equipos distintos.
Los dos titulares se me juntaron en la cabeza. Un equipo de Fórmula 1 no firma a un piloto por cariño. Lo firma por lo que hace con una máquina cara cuando algo sale fuera de lo previsto. Alonso sabe cuándo empujar y cuándo cuidar el coche, y distingue lo que dice la telemetría de lo que dice el volante. Eso se aprende en veintitrés temporadas, con reglamentos que cambian y coches que unos años funcionan y otros no. Él mismo ha dicho que lo que define su carrera es la adaptación a coches y épocas distintas, más que los títulos.
Ahora piensa en tu empresa y en la máquina cara que acaba de comprar.
El estudio de IBM de 2025 (Solving the AI ROI Puzzle, con más de 600 Chief AI Officers) recoge que desde 2023 solo el 25% de las iniciativas de IA ha entregado el retorno esperado. Las organizaciones con un CAIO ven un 10% más de ROI en su gasto en IA. Y solo el 26% de las más de 2.300 organizaciones contactadas tiene ese perfil hoy.
Hay un dato que me hizo parar. El 66% de esos CAIO cree que en dos años la mayoría de las organizaciones tendrá uno. Y el 57% fue nombrado entre el talento interno de su propia empresa.
Si esa previsión se cumple, la pregunta es incómoda: ¿quién está preparando ya a esas personas?
Antes, una aclaración. Usar la IA lo hace cualquiera con un móvil. Abres la herramienta, pides, recibes. Gobernarla exige cuatro cosas que no vienen en ningún tutorial.
- Criterio. El modelo responde con la misma seguridad cuando acierta que cuando se inventa el dato. Una cita atribuida a un juez pide desconfianza inmediata, y esa desconfianza la tiene quien ha leído suficientes sentencias, informes y datos reales.
- Responsabilidad. Cuando la IA se equivoca no responde el modelo. Responde una persona con nombre y apellidos, delante del comité, del cliente o del regulador. En Deloitte respondieron devolviendo dinero.
- Estrategia. Automatizarlo todo es fácil. Lo difícil es decidir qué no se automatiza, porque esa tarea que parecía un estorbo era justo donde se detectaban los problemas.
- Experiencia de la casa. Aquí entran el negocio y los procesos reales, no los del organigrama. Todos hemos visto ese proceso que en el papel tiene seis pasos y en la práctica tiene nueve, con dos atajos que nadie ha documentado. Un perfil recién llegado no lo sabe. Un consultor externo tampoco. Y si automatizas sin saberlo, automatizas el error.
Aquí está la clave: esas cuatro cosas no se compran en el mercado ni se improvisan con un curso de prompts. Se construyen sobre años de decisiones, dentro de una casa concreta. IBM lo refleja en un dato: más de la mitad de los CAIO sale de la propia plantilla.
Ojo, que hay una trampa. Senior no significa antiguo. Un directivo con veinte años de oficio que no ha tocado un modelo en su vida tampoco sirve. Alonso sigue en la parrilla porque se adapta al coche de cada año.
Me preocupa esto: si la previsión de IBM se cumple, en pocos años muchas empresas van a necesitar perfiles que unan experiencia de negocio con gobierno de la IA. A los que tienen la experiencia les falta la otra mitad. A los que dominan la herramienta les falta la experiencia. Y ese hueco no se cierra solo.
A una máquina cara no se sube cualquiera. Y a la IA, todavía menos.
Una pregunta que me interesa de verdad: ¿quién responde hoy en tu organización de lo que decide la IA? ¿Hay un nombre o solo un silencio incómodo cuando se pregunta en la sala?
Felipe Ynzenga




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